Projectes 5: Planta de reciclaje industrial en una chopera

Al igual que no es la ciudad la única base de la arquitectura, tampoco es la edificación el objetivo único del proyecto. Buscar en el refugio primitivo, en la casa de Adán en el paraíso, el origen histórico de la actividad proyectual es reducir drásticamente el campo del pensamiento de la arquitectura frente al territorio. El hombre comienza a ordenar arquitectónicamente su entorno desde que establece las condiciones formales que permiten la obtención de una producción agrícola. Eliminar las piedras de un terreno, aterrazar las pendientes, parcelar los cultivos, crear embalses de agua, distribuir flujos, almacenar, apilar, guarecer, orear, aterrar, excavar, erigir, moldear, limitar, ensamblar… son algunas de las actividades con las que el hombre proyecta el territorio. Es la producción, y no el cobijo, la causa inicial del artificio arquitectónico. La agricultura, en su inmediatez con el territorio natural y sus cualidades, nos ofrece un ejemplo paradigmático de la esencia minimalista del proyecto arquitectónico, en el sentido de trabajar con los mismos elementos que el medio nos ofrece y que concluye en la combinación del medio junto al afán productivo del hombre.
Juan Luis Trillo, arquitecto

La arquitectura es una actividad compleja producida por relación con cuestiones de muy diversa índole. El curso ARQUITECTURA, TERRITORIO Y PRODUCCIÓN nos introduce en un campo de experimentación donde la agricultura aparece vinculada a la construcción de la arquitectura y es el medio que establece las condiciones formales que la definen. ARQUITECTURA, TERRITORIO Y PRODUCCIÓN nos habla de las relaciones con el territorio productivo, de paisajes temporales y paisajes cambiantes, de estructuras agrícolas y de naturaleza intervenida, de la manipulación del territorio y de ciclos productivos, de las infraestructuras y las preexistencias, pero también nos habla del medio y su entorno, de reciclaje, del material y su fenomenología o de los valores cualitativos del espacio agrícola, lo que nos aporta una idea más amplia del significado de paisaje.

En estas condiciones la arquitectura no es una experiencia estética, ni un ejercicio de composición arquitectónica, se produce a partir de la relación con lo agrícola en distintos niveles de intercambio. El resultado de este proceso es un paisaje agregado producido por enlace y contaminación de cuestiones de procedencia diversa. Situaciones en las que la arquitectura aprende de la agricultura, como puede hacerlo de la arqueología o de la técnica.

Vamos a trabajar este curso sobre el territorio agrícola de las choperas, un entorno físico construido por el hombre para la explotación maderera con fines industriales. Se trata de un tipo de cultivo forestal intensivo sobre terrenos con abundante agua y unas condiciones climáticas especiales, con un alto índice de humedad e inundados gran parte del año. Las plantaciones de chopo son de crecimiento rápido y producen madera de calidad en periodos de tiempo corto, lo que configura un paisaje cambiante (turnos entre 10 y 15 años). Además de sus amplias aplicaciones en la industria, la plantación de choperas resulta ecológicamente beneficiosa por su gran absorción de CO2 y fijación del carbono, empleándose para purificar el ambiente (una hectárea de chopos puede absorber más de 25 toneladas de CO2) y en la depuración de suelos contaminados. También tiene aplicaciones ventajosas para la producción de biomasa como energía alternativa.

Nuestras propuestas de trabajo investigarán sobre el ciclo productivo y la actividad industrial en este medio agrícola y las condiciones en las que deberá producirse la arquitectura. Cuestiones sobre la forma de ocupar y transformar la chopera con fines industriales, y cómo hacer simultánea la producción agrícola de la chopera y su manipulación industrial para la obtención de manufacturas derivadas del chopo, se convierten en los objetivos del proyecto. Hay un paisaje producido desde la actividad que subyace en todo momento en el proyecto y que determina la forma final de la arquitectura, siempre en relación con el territorio y su producción agrícola.

El lugar elegido para el trabajo es una chopera situada en la periferia agrícola de Granada, en el término municipal de Santa Fe, a escasa distancia de la ciudad. Se trata de un espacio situado entre la autovía Sevilla-Granada y el río Genil, en el Pago de la Barrasa, con amplias extensiones de chopos, una red de acequias de riego, pequeños cortijos y algunas construcciones industriales que conviven junto a un albergue (campamento Petto´s) y otras de carácter doméstico diseminadas entre los árboles. El lugar es un ámbito frondoso atravesado por caminos para el mantenimiento y tala de las choperas, con dos infraestructuras principales de agua para el riego (Ramal Hondo y Acequia de los ojos de Viana).

Fruto del deshielo de Sierra Nevada, la vega de Granada ha sido históricamente un espacio muy fértil con abundante agua en el subsuelo: un extenso manto subterráneo que modifica la cota del nivel freático según la época del año, lo que lo convierte en un terreno muy apto para el cultivo de numerosas especies. Desde la edad media, estos campos agrícolas han sido explotados con árboles frutales, moreras, algodón y cáñamo, y en el siglo XIX por remolacha, tabaco, cereales y choperas. Estas “revoluciones agrícolas” de la vega, han supuesto una transformación del paisaje con incorporación de tipologías arquitectónicas afines a un tipo de industria derivada de los cultivos. Digamos que el paisaje de cada época ha sido el resultado de una actividad agrícola sobre el territorio y de una arquitectura asociada a la explotación industrial del mismo. El cultivo de la remolacha dio lugar a los ingenios azucareros y la plantación de tabaco a los secaderos, unas construcciones ventiladas muy sencillas y sugerentes por su ligereza e ingenio en el empleo de los materiales. La  agricultura y la arquitectura industrial han configurado por tanto la imagen de este entorno periférico de la ciudad, de indudable valor patrimonial y paisajístico, y constituye además el escenario de ingreso a la ciudad desde la autovía procedente de Sevilla y Málaga. El paisaje de la ciudad de Granada son sus edificios históricos y la Alhambra, pero también el entorno agrícola, motor de la economía de la ciudad hasta la segunda mitad del siglo XX. El proyecto valorará el paisaje de las choperas como un elemento productivo de interés patrimonial  que forma parte de una idea más amplia de ciudad.

La intención del trabajo es proponer soluciones desde la arquitectura que reactiven este entorno productivo de la vega hoy muy mermado desde el abandono de la producción azucarera y las limitaciones de la plantación de tabaco. Los bosques de chopos constituyen en la actualidad una de las escasas plantaciones rentables y un medio idóneo para proponer soluciones que rentabilicen aún más su producción. Con esta idea intervendremos en el interior de una chopera a partir de un programa de usos que relacione el chopo con su explotación y aprovechamiento industrial, cerrando el ciclo productivo desde la plantación del chopo y obtención de la materia prima, hasta la elaboración de la manufactura y su transporte para ser comercializada.

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